Miedos y temores en la elección de caminos

Cruce de vías

Miedo ante lo desconocido, ante lo propio que sabes que te cambiará la vida, deseando que para bien pero que desconoces si es para mal. Temores ante la duda de si serás capaz de afrontarlo, de si darás la talla, de si te pasará por encima como una ola de tres metros.

Temores y dudas es lo que me acompaña cada día desde que Natalia y yo decidimos que queríamos ser padres. No me mal interpretéis, soy feliz y mucho, de verdad. Pero tengo mis temores como un niño que tiene miedo a la oscuridad cuando se acerca la noche porque me acompaña la incertidumbre inevitable de pensar si estoy actuando bien como padre, la duda de si mis decisiones y actuaciones son las acertadas para el bien de mi querida hija, el temor a las consecuencias que puedan tener en su futuro mis equivocaciones como padre para/con ella. Son muchas las horas que dedico a estas reflexiones mientras paseo con ella sobre todo por dos razones.

La primera porque ella se lo merece. Merece que su padre se preocupe por su bienestar, por su futuro y sobre todo por su felicidad.

La segunda porque personalmente creo que la base de la felicidad de una familia reside en el sacrificio natural que los integrantes de la familia realizan unos por otros.

Quizá para su madre sea más fácil enfrentarse a estos miedos porque tuvo desde el primer momento un apego y un contacto mucho más intenso con Haizea. La crió en su vientre, la sintió moverse y la parió, la mimó y la alimentó al nacer y solo una vez que Haizea estuvo fuera de su madre es cuando yo, su padre pasé a formar parte de su día a día.

Una madre tiene el instinto maternal acompañándola de la mano, ese saber ancestral que solo la madre naturaleza es capaz de lograr transmitir de unas madres a otras generación tras genaración. Los padres estamos al lado intentando emularlo pero no es lo mismo, al menos para mí no. No me conformo con ver crecer a mi hija quiero crecer con ella cada día, levantarla cuando se cae y besarla en la pupa para que se la cure, quiero que acuda a mí cuando tenga un problema y cuando no lo tenga también. Ya no se trata de ver los toros desde la barrera o de traer la comida a casa como se hacía antes en los que la madre criaba a los hijos y los padres eran….bueno no sé muy bien que eran pero no se preocupaban mucho de sus hijos ni del hogar en sí. Me niego a ser un simple observador y eso es un nuevo reto que marca mi vida. Por ello tengo que asumir responsabilidades y tomar decisiones sobre todo lo que la afecta hoy pero que sentirá el día de mañana, y eso hace que cada día me enfrente a esos temores que a veces me hacen sentir un mal padre. Aunque si os soy sincero cada día que pasa voy superando esos temores porque mi hija me demuestra cada día que hay que vivir sin miedo a nada, que cada vez que se cae se levanta y lo vuelve a intentar hasta que lo consigue, da igual cuantas veces se caiga y cuanto nos asustemos Natalia y yo con cada caída y la advirtamos que se va a caer, la da igual se levanta y vuelve a intentarlo hasta que lo consigue. Puede que tarde minutos, quizás horas o hasta días pero lo intenta una y otra vez.

Eso es algo que admiro de los peques que saben lo que quieren conseguir y pelean por ello hasta conseguirlo sin dejarse influir en eso los adultos, en general, tendemos a tirar la toalla demasiado a menudo.

Gracias Haizea por enseñarme a ser fuerte y vivir la vida como quiero vivirla.

Foto: Dous camiños de ferro por jlcernadas Bajo licencia de atribución creative commons

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4 comentarios en “Miedos y temores en la elección de caminos

  1. Qué bonita entrada. Entiendo tus miedos y temores, aunque yo estoy en el papel de madre. Muchas veces pienso si seré lo mejor para él, si estaré a la altura, si sabré responder como se merece, si tomaré las mejores decisiones… pero creo que hay que quedarse con esta frase que has puesto: “hay que vivir sin miedo a nada”. ¿Cuál será el mejor camino? No se sabe, pero acompañado de la familia se acierta seguro.

    • Gracias por leerme. Ciertamente es complicado cuando las decisiones afectan directamente a un mismo así que ya cuando a quien afecta es a tus hijos ya ni te cuento. Al final hay que decidir lo mejor que se pueda o se sepa y disfrutarlo.

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